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EL SENTIDO DEL ARTE

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"SIN EL ARTE DE EXPRESARSE, LA VIVENCIA, POR PURA Y ELEVADA QUE SEA, SÓLO BALBUCEA"
. Gonzalo Torrente Ballester.


NOTICIAS SOBRE ARTE:

martes, 23 de octubre de 2012

LO GROTESCO EN EL ARTE.

elfactorgrotesco
¿Qué es lo grotesco en el arte? Unas veces descrito como exagerado, en ocasiones asimilado a lo deforme, otras cercano a lo satírico e incluso a lo incongruente… El Museo Picasso Málaga se adentra en este terreno con El factor grotesco, una exposición que aborda hasta el 10 de febrero de 2013 el significado y la evolución de esta categoría estética en diferentes momentos de la historia del arte occidental.
El factor grotesco reúne más de 270 pinturas, esculturas, dibujos, grabados, libros, documentos y fragmentos de películas, obras de 74 artistas reconocidos entre los que se encuentran Francis Bacon, Louise Bourgeois, Otto Dix, James Ensor, Max Ernst, José Gutiérrez Solana, Victor Hugo, Paul Klee, Willem de Kooning, Roy Lichtenstein, René Magritte, Man Ray, Franz Xaver Messerschmidt, Juan Muñoz, Meret Oppenheim, Pablo Picasso, Richard Prince, Juan Sánchez Cotán, Antonio Saura, Thomas Schütte, Cindy Sherman, Leonardo da Vinci, Bill Viola y Franz West.
Una mirada al mundo
Diversidad técnica y formal en unos trabajos que por primera vez se muestran juntos y que comparten entre sí el elemento grotesco, identificado en la exposición como una mirada del artista al mundo, una mentalidad expresada de modos muy diferentes a lo largo de los tiempos.
La exposición incluye una sección de imágenes en movimiento, que incluye fragmentos de las películas El botones (1918, Buster Keaton y Fatty Arbuckle), El jorobado de nuestra señora de París (1923, Wallace Worsley) y Bedlam (1946, Mark Robson), así como algunos metrajes de Georges Méliès. La selección muestra como desde sus inicios el cine incluyó lo grotesco (lo burlesco) en su modo moderno de contar historias y varios directores participaron de esta mentalidad.
Comisariada por José Lebrero Stals, director artístico del Museo Picasso Málaga, la muestra cuenta con el asesoramiento de Luis Puelles, profesor titular de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad de Málaga. Las obras seleccionadas proceden de diversos museos y colecciones privadas de Europa y Norteamérica, entre las que se encuentran The British Museum de Londres, el Museo Belvedere de Viena, el Museo del Louvre de París, el Museo Nacional del Prado de Madrid, The Museum of Modern Art de Nueva York, The Royal Collection de Londres y Victoria & Albert Museum de Londres.
Málaga. El factor Grotesco. Museo Picasso Málaga.
Del 22 de octubre de 2012 al 10 de febrero de 2013.
Comisario: José Lebrero Stals.
Entrada copiada de la publicación digital hoyesarte.com

sábado, 19 de mayo de 2012

EL ENGAÑO EN EL ARTE: LOS TRAMPANTOJOS


En tiempos de engaños y mentiras a todos los niveles, engaños políticos (donde dije "digo", digo "Diego") y engaños económicos que nos han traído a este lodazal en que nos encontramos, hoy vamos a centrarnos en los engaños en el arte: que nadie crea que el arte se ha mantenido alguna vez ajeno a la mentira. Ya de por sí, la pintura, valiente imitadora de la realidad, especialmente desde los tiempos del Renacimiento hasta la pintura contemporánea, ha sido y es un instrumento perfecto de engaño. Su objetivo casi siempre consistió en un teórico " imposible": traducir la realidad tridimensional a una superficie de tan sólo dos dimensiones. Únicamente el arte más contemporáneo desde las vanguardias del siglo XX, y no digamos ya el arte abstracto, desprovisto de toda conexión con la realidad visible,  supieron liberarse de tal esclavitud.

Cuando el objetivo de esta mentira fundamental se eleva a la enésima potencia, y el espectador llega a confundir realmente la realidad con el objeto pintado, ¡cuidado!, nos encontramos entonces ante el mayor de los engaños: EL TRAMPANTOJO.




El trampantojo (o «trampa al ojo», también llamado trompe-l'œil, expresión francesa que significa «engaña al ojo») es una técnica normalmente pictórica que intenta engañar a la vista del espectador jugueteando con la perspectiva y otros efectos ópticos. Suelen ser pinturas murales extremadamente realistas o hiperrealistas creadas deliberadamente para ofrecer una visión falsa.

Algunos los clasifican en trampantojos interiores (que representan muebles, ventanas, puertas o escenas más complejas, como en las antiguas pinturas romanas, conservadas en Pompeya y Herculano; o en las bóvedas y cúpulas de las iglesias barrocas, como las pintadas por el padre Pozzo, o más tarde por Goya en la ermita de San Antonio de la Florida, en Madrid) y trampantojos exteriores, en muros de edificios (como sucede hoy en los paneles que tapan las obras rehabilitación de algunas edificaciones, imitando el futuro resultado de las obras).

Pinturas de Herculano



Frescos de Pozzo en Il Gesù de Roma


Goya y su trampantojo en San Antonio de la Florida.

Trampantojo del Callejón de San Francisco en Valladolid

Aunque los trampantojos sean más propios de la pintura, también existen famosos engaños arquitectónicos, como en el Partenón de la acrópolis de Atenas, pensado para ser visto de lejos, por lo que en las distancias cortas las correcciones ópticas son perceptibles (diferente anchura de los intercolumnios, curvatura del estilóbato y del estereóbato, éntasis de los fustes de las columnas...), la escalera de la biblioteca Laurenciana de Miguel Ángel en Florenciala Scala Regia en el Vaticano de Bernini o la Galería del Palacio Spada en Roma de Borromini,  donde los más grandes arquitectos del manierismo y del barroco logran burlar las dimensiones y la perspectiva, consiguiendo en espacios realmente pequeños que ésta parezca mucho más profunda.


Correcciones ópticas del Partenón de Fidias.

Escalera de la biblioteca Laurenciana de Miguel Ángel.

Escalera Regia del Vaticano de Bernini.

Galería del Palacio Spada en Roma de Borromini. Dibujo que muestra
las correcciones ópticas a fin de exagerar la perpectiva y simular un espacio mayor al real.
Desde la antigüedad y hasta hoy, los trampantojos siguen a la orden del día: los hay en los muros de las obras de rehabilitación en los edificios del casco antiguo de las ciudades, los hay que decoran los suelos de las calles pintados por artistas urbanos cada vez más reconocidos (como Julian Beever)...

Para lograr la belleza perfecta, para imitar la realidad, para alcanzar el cielo, para ampliar espacios, para embellecer las ciudades, para provocar al espectador..., los trampantojos nos rodean mostrándonos otra realidad paralela posible.

Si quieres ser engañado y jugar con la pintura y la arquitectura, bienvenido al arte: sitúate en el ángulo adecuado, y serás oportunamente engañado por el efecto de la anamorfosis y los trampantojos.










martes, 17 de abril de 2012

LA HISTORIA DE LA PINTURA TEATRALIZADA EN ESTE DIVERTIDO VIDEO.




Dale un divertido repaso a la Historia de la Pintura
viendo este video "músico-teatral".





¿Cuántos pintores o títulos de obras has sido
capaz de reconocer?






miércoles, 28 de diciembre de 2011

FI-ARTE. EL NÚMERO FI Y EL ARTE.

Fíate de nosotros y acompáñanos por este viaje a través del arte y la naturaleza, cabalgando sobre uno de los números más atractivos de la geometría: el número phi (fi).

 

¿El arte es belleza? Creo que a estas alturas de la historia del Arte, preguntar esto sería como preguntar si la naturaleza, o la vida misma, son belleza. Digamos que la respuesta es... no. O no necesariamente.

(Dedicaremos otro capítulo del blog a tratar estas cuestiones. Para los menos avezados en materia artística, recomendamos ir mirando las en general consideradas poco bellas obras de arte como "El buey desollado" de Rembrandt, o el del lituano Soutine, por no decir el famoso urinario de Duchamp, o cualquier action painting de Pollock).


Sin embargo, en numerosas ocasiones a lo largo de la historia hasta la llegada del arte contemporáneo, el arte sí fue considerado bajo el prisma platónico, identificado con la belleza misma. El arte era la plasmación material de la idea de Belleza, y todas aquellas obras que no se aproximaban al ideal platónico, fueron desestimadas por el poder de los mecenas políticos y religiosos. El ideal de belleza ha ido variando a lo largo del tiempo, pero sin embargo, a menudo ha mantenido un denominador común: su fidelidad al número phi (fi). 

Platón (con el rostro de Leonardo da Vinci)
apuntando al mundo de las Ideas, 
entre las que se encuentra la Belleza
(por Rafael en "La escuela de Atenas",
estancias vaticanas).

El número phi, 1.618..., no es sólo una abstracción matemática. La naturaleza está invadida por este número intrigante. Nos guste o no, -que generalmente nos gusta-, estamos rodeados de phi por todas partes, desde el mundo de lo pequeño hasta el macrouniverso: la disposición de la corteza de las piñas, de los brazos de las galaxias, de las ramas de algunos árboles, del pelo de algunos animales, la descendencia de algunas especies, el número de pétalos de muchas flores, las pipas de los girasoles, la forma de algunos moluscos, todo recuerda al número fi. Parece ser que la naturaleza encontró un buen acomodo para desarrollarse a través de dicha proporción. Nada es casual, y por ejemplo, sabemos que las ramas de algunos árboles crecen con esta disposición porque de este modo aprovechan mejor la luz del sol (fenómeno denominado "filotaxis").

 


El número phi asoma entre los rincones más inesperados de nuestra naturaleza:
el crecimiento de algunas plantas, la disposición de las semillas del girasol...

 
Decíamos antes "nos guste o no, -que generalmente nos gusta-". Y es que desde tiempos antiguos, el ser humano descubrió que esta proporción matemática tiene mucho que ver con la Belleza. Tenemos que admitirlo: ¡El número phi nos gusta! Y es que uno puede fiarse de phi: este número considerado divino por los más iluminados, tiene mucho que ver con la armonía, con la eficacia, con la salud y con el mantenimiento y reproducción de la vida. Otro día veremos cómo los rostros considerados más hermosos son aquellos no sólo más simétricos, sino los que contienen esta proporción que es esencial en los organismos más sanos, más susceptibles de ser reproducidos, y por ende, considerados más atractivos y bellos.

Los antiguos arquitectos egipcios ya se dieron cuenta de ello, y no digamos los antiguos arquitectos y escultores griegos, para volver a este afán por la belleza extrema durante el Renacimiento.



 
Mientras Euclides en la antigüedad investigaba su teorema sobre el papel, los artistas griegos trasladaron a sus obras sus ingenios matemáticos y el romano Vitrubio escribía tratados de belleza.


Euclides concentrado "haciendo de las suyas".

Mientras Fibonacci en el Renacimiento italiano descubría la serie de números cuya relación es phi, Luca Paccioli escribía su tratado "De la divina proporción" y Leonardo dibujaba "El hombre de Vitrubio" basándose en las aportaciones de aquel o pintaba su Gioconda mediante el número phi.

0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144...
 La serie de Fibonacci se logra sumando a cada número el número anterior. Lo curioso es que la relación (o división) entre cualquiera de esos números y el que le precede, es precisamente, el insistente número phi (1.618...), que tras su aparición en la antigüedad, volvió al panorama matemático muchos siglos después.